Rectifica gobierno de Chile cifra de muertos, de 800 pasó a 279

A los problemas en el despliegue de las Fuerzas Armadas y la entrega de ayuda a los millones de damnificados, se sumó hoy un error en el conteo de muertos, debido a que el gobierno confundió 271 desaparecidos con fallecidos.
- DPA Santiago de Chile.

A seis días de la tragedia, tampoco hay una estimación de heridos. Foto: AP

Las críticas contra Michelle Bachelet y su gobierno a punto de concluir arrecian en Chile, debido a los múltiples errores cometidos para enfrentar el terremoto y el tsunami que golpearon el centro sur del país, que mantiene aún millones de personas sin vivienda y alimentos.

A los problemas en el despliegue de las Fuerzas Armadas y la entrega de ayuda a los millones de damnificados, se sumó hoy un error en el conteo de muertos, debido a que el gobierno confundió 271 desaparecidos con fallecidos.

La cifra de muertos bajó así a sólo 279 personas identificadas, de un total de 803 en la víspera, entre individualizados y anónimos.

A seis días de la tragedia, tampoco hay una estimación de heridos, ni desaparecidos, todo ello en un país que acaba de entrar a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), el llamado club de los “países ricos”.

En medio de los reclamos de ciudadanos, alcaldes y de críticas del presidente electo, el opositor Sebastián Piñera, la mandataria optó por viajar a Concepción, una de las urbes más afectadas por el sismo, uno de los más grandes de la historia.

“Me urge que la gente esté sin los insumos básicos”, reconoció Bachelet ante las cámaras, que continúan mostrando a varios poblados a los que aún no llegan los alimentos que prometió el gobierno, como la pobre localidad costera y minera de Lota.

La mandataria además decretó tres días de duelo nacional a partir del domingo, informó el viceministro del Interior, Patricio Rosende, quien además leyó uno por uno los nombres de los fallecidos identificados en cadena televisiva.

Pero las palabras y acciones de Bachelet, que hasta antes del terremoto era la mandataria más querida en la historia del país, no aplacaron las críticas de su sucesor, el millonario Piñera.

“No ignoraré las debilidades, descoordinaciones y carencias que esta tragedia ha puesto de manifiesto (…) pero la tarea es reconstruir Chile y recuperar la senda del desarrollo”, dijo Piñera, quien ya admitió que deberá cambiar su programa de gobierno ante la enormidad del daño.

De hecho, el terremoto y el tsunami son de tal magnitud que sólo las pérdidas de infraestructura sumarían 30.000 millones de dólares, un quinto del producto interno bruto.

Lo anterior implicaría incluso que en sólo un día Chile dejó de ser el país con el mayor producto por habitante de América Latina, logro que le tomó 20 años. Los chilenos ya no sueñan con alcanzar en 2020 un PIB per cápita de 20.000 dólares, sino con ser lo que fueron.

Ante ese escenario, hasta la Iglesia católica, altamente influyente en Chile, pidió evitar las recriminaciones y concentrar esfuerzos en la reconstrucción. “No es hora de discusiones”, demandó el cardenal Francisco Javier Errázuriz.

En ese escenario, Piñera aceleró la designación de los intendentes (gobernadores) de las regiones (provincias), que en Chile son nominados directamente por el presidente.

Las designaciones favorecieron los nombres de caudillos locales que ya hicieron fuertes críticas a la gestión de Bachelet ante el terremoto y el tsunami, sobre todo porque los militares y la ayuda tardaron hasta cuatro días en llegar a algunas zonas.

El nombramiento más emblemático fue el de la actual alcaldesa de Concepción, la opositora y conservadora Jacqueline van Rysselberghe, quien critica la gestión del gobierno desde que el terremoto sacudió el sábado una extensión de 1.600 kilómetros.

“Acá quien ha tenido un rol de verdad lamentable (es el gobierno). La ayuda no llegaba”, dijo y reiteró sus reclamos al aceptar su cargo futuro, llamando luego a reconstruir las zonas desvastadas.

Paralelamente, cientos de camiones militares y caravanas de kilómetros de largo de autos civiles continuaron ingresando a las áreas asoladas por la naturaleza, llevando avituallas, agua y alimentos.

Poco a poco la situación comienza a normalizarse, los saqueos masivos cesaron. Las fuerzas de la ciudadanía y las autoridades concentran esfuerzos en sacar escombros, limpiar calles y buscar desaparecidos, cuyo número aún es desconocido.

Varias ciudades volvieron a abrir sus comercios y las personas retornaron a sus trabajos, como en Talca, San Javier y Chillán, como observó hoy dpa.

Las maquinarias aparecen en carreteras, comenzando a asfaltar las vías dañadas. El viaje entre Santiago y Concepción, que el sábado duraba 14 horas, hoy toma cinco horas, para una distancia de 450 kilómetros.

Ante la falta de maquinaria y gasolina, algunos campesinos del sur de Chile retiran con carretas los muros caídos. Miles de personas corren detrás de los camiones con ayuda y los militares consolidan el control de las urbes.

Pero la tragedia durará años. El número de viviendas dañadas es de dos millones, de las cuales 500.000 están colapsadas. Varios hospitales, cárceles y colegios cayeron también.

Pero en lo político los más dañados fueron Bachelet, que soñaba con regresar al poder en 2014, y las Fuerzas Armadas, cuyo prestigio hoy cuestionado les permitió acceder a unos 10.000 millones de dólares en compras militares desde 1990, las que hoy no fueron capaces de desplegar a tiempo.

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